“Los museos que involucran a los ciudadanos son el futuro.”

Jordi Costa es el escritor, cineasta y crítico cultural que está detrás de las últimas exposiciones del CCCB de Barcelona, uno de los centros culturales más diversos, importantes y creativos de Europa.

Fue nombrado Jefe de Exposiciones del Centre de Cultura Contemporània en septiembre de 2019; es decir, pocos meses antes de que el confinamiento obligara a la institución a cerrar temporalmente sus puertas. Pero Costa ya había trabajado allí durante años como programador de ciclos, organizador de cursos y en calidad de comisario, creando muestras como Cultura basura, Ballard: Autopsia del nuevo milenio o la celebrada exposición sobre Kubrick.

Stanley Kubrick en el CCCB

La última exposición del CCCB, Marte. El planeta rojoes un viaje muy oportuno que analiza nuestra relación con ese planeta, desde la antigüedad hasta la actualidad. De vuelta a la Tierra, hablamos con Costa sobre esta exposición, los desafíos a los que se enfrentan los museos en este momento y cómo deben encontrar su propia voz.

Conoce al FutureHero: Jordi Costa apuesta por museos más porosos, transversales, inclusivos, sostenibles y al servicio de los ciudadanos.

Me gusta desarrollar proyectos que tengan una impronta experimental, sin por ello perder la coherencia que los enraíce en la trayectoria del CCCB.

Los museos que involucran a los ciudadanos son el futuro. Si los museos y centros culturales no son participados por los ciudadanos no tendrán futuro, pero es cierto que conviene evitar todo mesianismo. Sólo en la medida en que nos convirtamos en ágoras en las que circulen ideas renovadoras que pongan en cuestión los automatismos de nuestra época podremos aspirar a ser un motor en dirección a un porvenir más benigno.

El CCCB, en el Raval de Barcelona

Los orígenes de una exposición pueden ser múltiples. Como regla general, lo primero que hay que hacer es detectar un tema que interpele a nuestro público y buscar un comisario apropiado para que desarrolle el discurso expositivo. A partir de ahí, se inicia un largo proceso en el que se toman decisiones sobre el lenguaje expositivo, se desarrolla una labor de documentación para localizar piezas y se va depurando el conjunto.

Otro momento clave es la entrada del equipo de arquitectos y diseñadores. Trabajan tanto el espacio como la identidad gráfica. Normalmente, no se trata de un proceso hecho de compartimentos estancos: en ocasiones, puede incorporarse una pieza o una modulación relevante del discurso a pocos días de inaugurar la muestra.

Marte. El espejo rojo se podrá visitar hasta el 11 de julio

Nuestra exposición sobre Marte ha resultado especialmente oportuna en un momento en el que hay tantas expediciones en marcha. En un contexto de crisis climática parece que ha arraigado la idea de que Marte es nuestro planeta B, aunque quienes sostienen la idea no siempre calibran la improbabilidad de que eso suceda.

Marte ha sido tema expositivo en otras propuestas recientes. Hubo una excelente exposición en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid y otra muy notable en el Museo del Diseño de Londres. Lo esencial es encontrar una voz propia, que, en nuestro caso, ha sido la del comisario Juan Insua. Él ha enfocado el proyecto en clave de historia cultural en torno a la imaginación, las esperanzas, los miedos y el conocimiento que hemos proyectado hacia el planeta rojo.

Dentro de Marte. El espejo rojo

Ponerse al servicio de un público al que se le han cerrado muchas otras ventanas de cultura y ocio era nuestra obligación. Que los museos y los centros culturales como el CCCB hayan sido los focos de oferta cultural para la ciudadanía que menos se han visto condicionados por las restricciones convertía todo nuestro esfuerzo en un deber.

Crisis como la que atravesamos son señales de alerta que obligan a tomarse en serio advertencias que ya estaban en el aire. Lo que preocupaba al CCCB antes de la pandemia es lo mismo que preocupa después de la pandemia: ser más porosos, transversales, inclusivos, sostenibles.

Queda mucho por hacer: desde reforzar la parte digital de nuestras programaciones sin abandonar la presencialidad, depositar todas las energías posibles en ampliar los públicos sin debilitar la calidad y la ambición de las propuestas y, por supuesto, no dejar nunca de ser creativos para desarrollar e innovar en los formatos.

Gameplay (2020) exploraba los orígenes de los videojuegos

En plena pandemia, el departamento de exposiciones ha afrontado varios desafíos. Entre otros, readaptar una exposición esencialmente interactiva como Gameplay para ajustarla a los nuevos protocolos determinados por la COVID que, en ese momento, exigían eliminar toda la interactividad de la muestra.

El logro de no comprometer los estándares de calidad del CCCB ha recaído fundamentalmente en todo el equipo del centro. No ha sido fácil inaugurar dos nuevas exposiciones (William Kentridge y Marte. El espejo rojo) con las limitaciones que nos ha impuesto la nueva situación.

William Kentridge. Lo que no está dibujado (2020)

El calendario de exposiciones para 2021 es apasionante: desde Ciencia fricciónuna muestra que parte de las ideas de Donna Haraway y Lynn Margulis, hasta La máscara nunca miente, una suerte de historia alternativa del siglo XX a partir de un objeto usado como instrumento político para la doctrina del miedo o el activismo clandestino. Sin olvidar Urban Nature, una propuesta del grupo teatral alemán Rímini Protokoll que cuestionará los límites entre la exposición y la representación dramatúrgica.

La máscara nunca miente (desde diciembre de 2021) nos descubrirá un símbolo poderoso

Cuando se trata de crear un bien social a través de la cultura, creo en la descentralización. Un buen ejemplo son los centros culturales como Fabra i Coats, en el barrio de Sant Andreu. Y admiro la labor de cooperativas como las que han logrado llevar adelante una sala de exhibición como el cine Zumzeig.

La vieja fábrica textil Fabra i Coats se ha convertido en un espacio para la creación artística

Me encantaría que un día amaneciéramos todos dotados de una profunda conciencia medioambiental y de un sensibilidad verdaderamente inclusiva. El gran superpoder universal pasaría por la moderación universal del ego colectivo.

No espero ir nunca a Marte. Me gusta más la diversidad climática y biológica de los planetas a los que llegaban los tripulantes del Enterprise o los protagonistas de Perdidos en el espacio. Soy más mediterráneo que de secarral: no creo que me habituara a una vida marciana sin pasar por las neurosis de los personajes de Tiempo de Marte de Philip K. Dick.

Lost in Space (1965)

AgendaAtlas: Para acercarte al planeta rojo, lee más sobre la exposición Marte. El espejo rojo.

 

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