La ecóloga, profesora investigadora y experta en especies invasoras Montserrat Vilà nos descubre historias fascinantes sobre la vida que se esconde en nuestros patios y jardines.

No hablamos de una invasión alienígena ni de encuentros en la tercera fase. Para conocer a estas especies invasoras, no hace falta ir más allá de nuestro patio trasero y es poco probable que nos rapten mientras dormimos.

Las especies exóticas invasoras (EEI) son animales, plantas y microorganismos, incluidos patógenos y otros organismos, que se desarrollan en hábitats que no les son propios y que, una vez introducidos en un ecosistema, encuentran formas de prosperar y apoderarse de las especies autóctonas.

No todas las especies no autóctonas se vuelven invasoras. Pero algunas encuentran las condiciones adecuadas, a menudo porque no tienen depredadores naturales o competidores en su nuevo entorno, y su invasión se vuelve imparable, con efectos devastadores sobre el ecosistema local.

¿Alien o vampiro? El mosquito tigre asiático se considera una de las especies más invasoras del mundo.

Las especies exóticas invasoras afectan a la composición genética, la abundancia y el comportamiento de las especies autóctonas y aumentan su riesgo de extinción. También pueden alterar el ciclo de los nutrientes, la hidrología y la estructura del hábitat.

Según la Secretaría del Convenio sobre la Diversidad Biológica, las especies exóticas invasoras han contribuido a casi el 40% de todas las extinciones de animales desde el siglo XVII y son una de las principales causas de pérdida de biodiversidad. A esto, debemos añadir los costes socioeconómicos y de salud causados por las alteraciones de la función del ecosistema que afectan a la agricultura, la silvicultura o la pesca; en otras palabras, los medios de vida de las personas. Las EEI pueden exacerbar la pobreza, acelerar la pérdida de hábitats e incluso agravar los efectos de la crisis climática.

“Todo está conectado”, dice la Dra. Montserrat Vilà, autoridad mundial en ecología y profesora de investigación en la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC). Con más de 200 publicaciones científicas en su haber, se encuentra entre el 1% de los investigadores más citados en su campo y es experta en especies exóticas invasoras y sus interacciones con los sistemas naturales y humanos.

“¿Se supone que no deberías estar ahí?”

“Piensa en el Canal de Suez: abrió un camino para la invasión. Los efectos de la crisis climática hicieron que las aguas del Mediterráneo fueran aún más acogedoras para las especies exóticas, lo que resultó en una tropicalización acelerada del mar.” En la actualidad, ya se han registrado más de 700 especies exóticas en el Mediterráneo, y la mayoría de ellas llegaron desde el Mar Rojo a través del Canal.

Muchos ya están familiarizados con las invasiones más famosas del reino animal. Los europeos, por ejemplo, saben que la ardilla gris ahora gobierna las calles de Londres a expensas de su prima roja y no se sorprenden al ver cotorras argentinas en las principales ciudades. Los residentes de Barcelona pueden incluso consultar el primer mapa en vivo del mosquito tigre del mundo.

Ardillas callejeras.

Sin embargo, no muchos son conscientes del alcance de la introducción de especies exóticas ornamentales –Vilà señala que alrededor del 82% de plantas leñosas de los parques urbanos españoles no son autóctonas– y sus posibles impactos en los ecosistemas y el bienestar humano si se propagan desde los parques a las áreas naturales cercanas.

Hasta hace poco, los esfuerzos contra las invasiones se realizaban principalmente una vez que los efectos socioeconómicos de las especies invasoras descontroladas ya se habían hecho evidentes. Ese fue el caso, por ejemplo, de las malezas que redujeron la producción de cultivos en la agricultura o del mejillón cebra, de rápida colonización, que se apoderó de la zona de los Grandes Lagos (y de sus muelles, tuberías, barcos y sistemas de refrigeración) a finales de los 80.

Europa, en particular, ha respondido más lentamente a las invasiones biológicas y ha hecho de la bioseguridad una prioridad, especialmente en comparación con países como Australia y Nueva Zelanda. La clave, según Vilà, está en la geografía (“siempre hemos sido una tierra de paso y de intercambio”) y en la historia (“muchos piensan que tenemos paisajes culturales más que naturales”).

Invasores de los cielos.

Vilà está convencida de que, para resolver el problema, necesitamos una acción sinérgica y una comunicación fluida entre investigadores, ambientalistas, políticos y público. De hecho, dice que se acercó por primera vez a este campo científico por sus aplicaciones prácticas. Le ofreció la oportunidad de obtener una visión general clara de cómo funcionan los sistemas, así como sus muchas “ramificaciones humanas y sociales”. Al estudiar a las especies exóticas invasoras, podemos comprender mejor nuestro mundo y los efectos de la globalización.

Una estrategia preventiva más sólida y holística contra las invasiones también podría ofrecernos herramientas más efectivas para resolver algunos de nuestros desafíos globales más urgentes. Uno de los estudios más recientes de Vilà explora los paralelismos entre las invasiones biológicas y las epidemias humanas y sostiene que “la aparición y propagación de muchos patógenos infecciosos humanos son eventos de invasión biológica por excelencia”. Ella y otros investigadores abogan por “aumentar la fertilización cruzada” entre la ecología y la epidemiología para desarrollar mejores modelos de predicción, así como estrategias de tratamiento y mitigación de sus impactos.

La comunicación previene la invasión (por Keneeko).

En 2016, la Comisión Europea publicó la primera Lista de Especies Exóticas Invasoras de interés para la Unión, que se describe como “un paso importante para detener la pérdida de biodiversidad”. Vilà también notó un cambio entre los académicos y la administración local: “Cuando comencé en este campo, éramos muy pocos investigadores y el tema no estaba en la agenda de ninguna administración ambiental. Ahora los gestores ambientales están interesados en encontrar soluciones”.

Las personas también pueden marcar la diferencia al hacer que sus jardines sean menos acogedores para las especies exóticas. “Empieza por tu patio trasero: planta solo semillas autóctonas y asegúrate de deshacerte de los residuos de tu jardín de manera adecuada.” Y no es que necesitáramos otro motivo para pensar que abandonar a las mascotas es imperdonable, pero Vilà señala que muchos de nuestros animales de compañía son especies exóticas y no deben liberarse en el medio natural.

Sigue los consejos de Montse y mantén tu jardín libre de invasores.

 

Pregunta lo que quieras a Montse

¿Sientes curiosidad por saber cómo interactúan los animales, las plantas, los seres humanos y otros organismos? ¿Quieres devolverle el poder a la ardilla roja? Este mes de diciembre, Montserrat Vilà estará en el festival Fixing the Future, la cita con los proyectos más creativos y las ideas que cambian el mundo.