Rebelarnos para no extinguirnos

Extinction Rebelion
Reino Unido (Londres)

Cuando en octubre de 2018 el IPCC, el organismo de las Naciones Unidas especializado en cambio climático y referente mundial en la materia, publicó un informe sobre los peores pronósticos del incremento de las temperaturas, un grupo de activistas medioambientales decidió no quedarse de brazos cruzados y pasar a la acción. Nacía así Extinction Rebellion (XR), un movimiento global de desobediencia civil no-violento, cuyo objetivo es presionar a los gobiernos para que tomen medidas y evitar que las previsiones de este informe se conviertan en realidad.

Extinction Rebellion surge tras un largo proceso de reflexión a partir de la investigación académica de sus fundadores, Roger Hallam, Gail Bradbrook y Simon Bramwell, y de otros activistas que estaban detrás de la campaña Rising Up!. Después de 30 años de campañas tradicionales y escasos resultados, decidieron buscar alternativas menos convencionales.  Descartaron cualquier opción que implicase violencia: «Destruye la democracia, te conduce hacia la guerra y es una idea horrible», afirma Roger Hallam. La solución pasaba por organizar actos pacíficos de desobediencia civil y de carácter masivo, con gente de todas las edades y diferente bagaje cultural y estrato social, personas dispuestas incluso a que las detuvieran por la causa. Al fin y al cabo, esta estrategia había resultado eficaz en los movimientos pro derechos humanos de los años 60 en EE.UU., todo un referente para XR.

Siete meses después de su puesta en marcha, el movimiento crece a muy buen ritmo y ya existen 331 grupos XR en 49 países. En la práctica, ello se traduce en protestas regulares en el centro de ciudades de todo el mundo y la consecuente detención de algunos de los participantes. Pero ¿qué culpa tiene la gente que no puede llegar a la hora al trabajo porque las calles están cortadas? Ninguna, pero, tal y como afirmó Roger Hallam en la BBC, «para que se produzcan cambios es imprescindible que haya malestar emocional».

En abril de 2019 Extinction Rebellion organizó una protesta de diez días en Londres, la más importante hasta la fecha, con acciones muy variadas: instalar un barco rosa en la concurrida Oxford Circus -con el eslogan ‘decidnos la verdad’-, simular una muerte masiva en el Museo de Historia Natural, lanzar cubos de sangre falsa delante de Downing Street o atarse al puente de Waterloo, entre otras. El resultado fueron cientos de detenidos, pero también que el cambio climático ocupara las primeras posiciones en la agenda mediática y política. Después de muchos años de inacción, el Parlamento británico declaró el estado de emergencia climática, una iniciativa que otras ciudades, países y organismos del mundo han replicado.

La declaración de emergencia climática no es un tema menor. De hecho, era una de las tres demandas fundamentales de XR al gobierno del Reino Unido. Las otras dos son: por un lado, políticas radicales para detener la pérdida de biodiversidad y conseguir cero emisiones de CO2 para el 2025 y, por otro, una asamblea ciudadana sobre justicia climática.

La ‘rebelión’ es un aspecto fundamental del movimiento -de ahí su nombre-. Como dijo George Monbiot, activista medioambiental y columnista en The Guardian, en su discurso en XR el pasado octubre: «sólo cuando seamos conscientes de la gravedad de la situación, estaremos dispuestos a sacrificar una parte de nuestra libertad por lo que creemos».

Pero si en XR han conseguido conectar con la gente y llegar a los medios es, en buena parte, por el componente lúdico y la nota de humor de sus protestas, a las que normalmente se suman músicos, artistas y actores. «Es como un mini Glastonbury en las calles», bromea Roger en referencia al reconocido festival de artes escénicas. Las acciones más creativas y aquellas en las que puede participar toda la familia llegan a más gente y resultan también más inspiradoras.

Han pasado solo unos meses desde la creación de Extinction Rebellion y los avances han sido increíbles. Pero según los organizadores, hay que hacer más, mucho más. En el caso concreto de Reino Unido, si realmente se quiere reducir las emisiones de CO2 para 2050, las medidas políticas llegan tarde y se están implementando muy despacio. Para evitar que la temperatura aumente por encima de los 1,5ºC recomendados, en 2030 las emisiones mundiales netas de CO2 deberían reducirse en un 45% respecto a los niveles de 2010. Si no se toman medidas urgentes, parece muy improbable que el país alcance los objetivos legales. «En cuanto a nosotros, nuestras acciones hablan por sí solas. Hasta que el gobierno no tome medidas drásticas, continuaremos con nuestra rebelión», promete la portavoz de XR, Alanna Byrne.

Sin embargo, en medio de la desesperación, hay alegrías y esperanza. «Conocemos a gente sorprendente, con diferentes experiencias vitales, religión, cultura», dice Alanna: «Padres, abuelos, niños, activistas experimentados o personas que no se habían manifestado nunca… compartimos una cierta tristeza, pero también mucha determinación y un amor profundo por la naturaleza. Y esto es muy poderoso».

Acción Atlas: Únete a la rebelión internacional.

🎫 Atlas Event ► Dos miembros de Extinction Rebelion particparon en las ponencias de Fixing the future 2019 en Barcelona.

 

Escrito por

Clemmy Manzo (24 mayo 2019)

Biografía

Escritora freelance

Responsable del proyecto

Roger Hallam, Gail Bradbrook,y Simon Bramwell

Autora: Paola Desiderio

Autor: Billy Rickards

Autora: Ruth Davey

Autores: Vladimir Morozov/akxmediaThomas Katan

Licencia Creative Commons

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