Los salvadores del tiburón ballena

Caribbean Sharks Education Program
Venezuela (Archipiélago Los Roques)

Empatía y redes sociales son las armas del Caribbean Sharks Education Program para convertir a los cazadores furtivos en conservacionistas.

 

“Paso alrededor del 50% de mi tiempo en el agua”, dice Leonardo Sánchez, Director del Centro para la Investigación de Tiburones de Venezuela (CIT) y del Caribbean Sharks Education Program. Nos cuenta esto a través de Zoom, con la imagen de fondo de un tiburón ballena, y parece que nos está llamando desde las profundidades del océano.

“No mucha gente se preocupa por los tiburones y es difícil encontrar fondos para su investigación y su conservación”, dice. Son criaturas incomprendidas con mala reputación, nadie quiere ayudar a los asesinos feroces que retratan las películas, y muchos gobiernos de todo el mundo aún no reconocen que están en peligro de extinción, a pesar de que los tiburones ballena están incluidos en la lista roja de especies amenazadas de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza).

Ese es el caso de Venezuela, donde los extranjeros pueden comprar aletas por unos centavos y luego revenderlas por una fortuna en su país de origen como delicias exóticas o remedios para la salud. Los cazadores furtivos venezolanos pueden obtener 20 dólares por 1 kg de aleta de tiburón, mientras que el salario mínimo local es de aproximadamente 3 dólares. Es fácil ver cómo las personas que viven en las zonas costeras recurren a este comercio sangriento.

El petróleo también es un problema. La idílica área protegida del Archipiélago Los Roques de Venezuela, donde principalmente opera el CIT, perdió el 17% de sus manglares en los últimos 10 años debido a la contaminación. Es una tragedia para las crias de tiburón que crecen protegidas por las raíces de los manglares.

Caribbean Sharks Education Program

Hay más de 500 especies de tiburones en el mundo.

El equipo de CIT se dio cuenta de que, sin abordar el problema de manera integral y en colaboración con las comunidades costeras, no había esperanza de salvar a los tiburones. “Como científicos y académicos, estábamos hambrientos de publicaciones. Pero escribir artículos no ayuda, solo trabajando con personas puedes marcar la diferencia.”

Fue entonces cuando nació el Caribbean Sharks Education Program. El proyecto trabaja a varios niveles para crear conciencia entre las comunidades costeras sobre la importancia de la conservación de los tiburones y la biodiversidad a la vez que proporciona a los pescadores fuentes alternativas de ingresos.

“Nadie quiere ser cazador furtivo y hacer daño a los animales, pero tiene que hacerlo por razones económicas y debe desensibilizarse para poder trabajar”, explica Leonardo Sánchez. La vida de un cazador furtivo también es dura, “tienes que pasar noches frías y húmedas al aire libre y trabajar en condiciones duras e inseguras, mientras evitas los controles y huyes de los piratas y las autoridades”.

El equipo de Leonardo utilizó la empatía para abrir complejos canales de comunicación. Visitaron comunidades pesqueras y fueron de puerta en puerta para hablar sobre los tiburones y el ecosistema, explicando cómo estos animales son cruciales para la supervivencia misma de los humanos.

Los tiburones atacan a peces débiles y enfermos, de los que no querrías ver en tu plato. Limitan la abundancia de las especies de las que se alimentan, manteniendo una estructura saludable en los ecosistemas marinos. También favorecen a las praderas marinas y desempeñan un papel importante en el ciclo del carbono: más tiburones en el océano significa menos carbono en la atmósfera. Y lo que es más importante, pueden valer más vivos que muertos. Un viaje que acompañe a turistas y buceadores para observar a los tiburones puede costar hasta 150 dólares.

View of Los Roques from above

Bienvenidos al paraíso del ‘baby shark’.

El ecoturismo no es la única alternativa a la caza furtiva. El Programa de Educación sobre Tiburones del Caribe también pone a los pescadores en contacto con restaurantes y mercados de alimentos de alta gama en la capital que pagan por el pez león rojo, una especie invasora que causa daños considerables en el Caribe. Y si un pescador libera un tiburón capturado, el Programa le reembolsa la red destrozada.

El proyecto funciona: no se ha matado a ningún tiburón en Los Roques en los últimos 17 meses.

Sin embargo, no siempre es fácil. El programa se desarrolló mediante prueba y error. Al principio, el equipo pensó que el miedo a las repercusiones legales funcionaría mejor y, al amenazar a los cazadores furtivos con denunciarlos a las autoridades, hubo comunidades enteras que les dieron la espalda. El panorama político actual también convierte en peligroso realizar trabajos de conservación en ciertas áreas. La crisis venezolana les llevó a perder una gran cantidad de miembros del equipo que tuvieron que emigrar o desplazarse (ahora son solo 3) y, con ellos, se fueron buenos amigos y mucho talento.

Leonardo mantiene la esperanza. El cambio cultural es lo que más lo motiva y eleva el espíritu del equipo. Describe como la mayor alegría del proyecto ese “momento bombilla” en que un miembro de la comunidad comprende la importancia de los tiburones en el ecosistema. Los jóvenes son más conscientes del medio ambiente que las generaciones mayores, nos dice, y aportan mucha energía.

Caribbean Sharks Education Program

Conservacionistas, jóvenes y adultos, se unen para salvar a los tiburones.

Incluso durante el confinamiento, siguieron plantando manglares en casa y publicando sobre tiburones en las redes sociales. El Programa utilizó las redes para ayudar a los jóvenes a pasar de la caza furtiva a la influencia, lo que “les da un sentido de propósito, de haberse vuelto importantes al hacer algo útil”. Algunos consideran que participar en el Programa y el movimiento de conservación de tiburones es “lo más importante que hicieron con su vida”.

Al mismo tiempo, las redes sociales promueven la responsabilidad de los pescadores, que no quieren seguir asociados a la caza furtiva y están cambiando gradualmente la reputación de los tiburones. Peces extremadamente inteligentes, los tiburones ballena a menudo buscan activamente a los humanos cuando están heridos y pueden acercarse a un bote con la esperanza de que las personas los ayuden a sacar un anzuelo o soltarse de una red. Las personas ahora saben que no deben entrar en pánico y a quién llamar, y envían fotografías al Programa con regularidad para ayudarles a etiquetar a los tiburones.

Leonardo cree que salvar nuestros océanos puede ser uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo, pero es factible si unimos nuestras fuerzas y nos hacemos todos responsables. “Si pudiera pedir una cosa a las personas que viven en las grandes ciudades es que siempre revisen la historia que hay detrás de lo que están comprando y dejen de consumir plásticos de un solo uso. La basura siempre termina en el océano.”

Caribbean Sharks Education Program

Haz felices a Leonardo y al océano y deshazte del plástico de un solo uso.

AcciónAtlas: Este programa siempre busca voluntarios y turistas que quieran observar tiburones en el entorno paradisíaco de Los Roques. Sigue al CIT en redes sociales (IG | FB) y difunde el proyecto.

Escrito por

Bianca Fiore, Atlas of the Future (01 septiembre 2021)

    Responsable del proyecto

    Leonardo Sánchez, director del Centro para la Investigación de Tiburones

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